6 de octubre de 2006

Desconocidos


- Llegaste temprano. No te esperaba a esta hora.
- Terminé antes.
- ¿En serio? Qué novedad.
- ¿No me crees?
Ella se le quedó viendo como quien mira a una cucaracha recién aplastada con tripas afuera y todo.
- Me apuré porque quería ver la pelea que dan hoy en televisión.
- ¿La novela?
- Chistosa.
- Pensé que estarías harto de peleas, como para ver una en televisión.
- Pensé que estarías harta de pelear, pero parece que no hay forma de que vuelvas a la normalidad.
- ¿Normalidad?
- Sí, últimamente andas histérica todo el tiempo.
- Mira quien habla.
- Yo no ando histérico.
- No, si por primera vez en mucho tiempo tienes razón. Esa no es la mejor manera de describir tu caracter.
Ahora fue él quien le devolvió la mirada.
- Huraño, callado, malhumorado... eso por no decir "ladilla". Te has vuelto un hombre muy aburrido.
- Yo lo que me pregunto a estas alturas es qué fue primero, el huevo o la gallina.
- No me irás a culpar de tu cara de culo.
- ¿Y a quién culpo, entonces? ¿Al Papa?
- Entonces la razón de tu cara de culo soy yo.
Él se quedó viendo fijamente a la televisión, temiendo contestar.
- Y yo que pensaba que la razón de mi amargura eras tú.
- ¿Yo?
- No, el guevón del amante con el que tengo que fingir los orgasmos porque lo tiene chiquito.
- ¡Respeta!
- ¿Quieres cotufas para la pelea?
- ¿Perdón?
Ella intentó ver en él al hombre que conoció hace ya no sabe cuánto tiempo atrás. Él miraba la televisión, aunque solo trataba de recordar a la mujer con la que se casó.
- Fue un placer conocerte.
- Lo mismo digo.

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La obra es del venezolano José Dudamel, se llama "Pelea de Gallos" y la coloco especialmente para Rafico.

2 comentarios:

rafico dijo...

De gallos y peleas….
En la tribulación nuestra, a veces es mejor canalizar nuestra furia…
Pienso que el disentir es un arte que va entre la adulación y la elocuencia.

La pintura me parece que refleja el ambiente del caribe…

Somos humanos? O seremos meta-humanos.

Gracias. Por acordarse de mi..., por sus palabras...

Saldivia dijo...

El diálogo resulta tan real y posible que parece una cachetada de advertencia contra la rutina en las relaciones. Es tan bueno que parece escrito por ti.