21 de enero de 2007

¿Vamos?


- Cállate. ¿No te estás dando cuenta del absurdo?
- ¿Absurdo?
- Sí. Absurdo. Mejor cierra la boca, antes de que sigas diciendo disparates.
- Respeta, por favor.
- ¿Qué? ¿Que te respete? No me hagas reir.
Los labios le temblaban levemente. No podía soportar aquella humillación, pero no encontraba como hacer que entendiera su situación.
- Te estoy diciendo la verdad. Tienes que creerme.
- ¿Cómo quieres que te crea? ¿Cómo carajo piensas tú que es posible creer semejante barbaridad?
- Yo sabía que reaccionarías así.
- ¿Entonces para qué te inventas algo así?
- No lo estoy inventando.
- ¿Vas a seguir? Tú lo que necesitas es un psiquiatra.
- No tiene salida esto, por lo que veo...
- Sí, sí la tiene. Ahí está la puerta.
- ¿Así termina esta historia?
- No hay de otra. Tú y tus locuras no tienen más opciones.
- No es una locura, algún día te lo voy a demostrar.
- Como quieras.

Ella vio como él se alejaba por la acera. Él caminaba cabizbajo, triste. Sabía que ella no le creería ni una sola palabra. Ella pensaba en todo el tiempo que ahora parecía perdido. Todo por una tontería, por una idea extraña que de pronto a él se le metió en la cabeza. Llegó diciéndole que un buen día, en su televisor, la señal se interrumpió y apareció una imagen borrosa. Casi no podía identificarla. Y una extraña voz le hablaba en su cabeza, diciéndole que muy pronto volverían a estar juntos, que irían a buscarlo, que estuviera preparado para regresar a su casa. De inmediato supo que pronto se reuniría con ellos. Ahora todo tenía sentido, ahora sabía por qué nunca encajó. Y ella no lo entendió.

Él cruzó la calle y se perdió de su vista. Ella se apartó de la ventana justo en el momento en el que una luz muy brillante aparecía en el cielo y descendía justo hasta el lugar donde él todavía se lamentaba por no haber sido capaz de convencerla. Poco después, la luz se perdió en el firmamento. Ella no supo más de él.

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El dibujo es de una niña de 3 años llamada Adriana, y lo publica Francisco Padrón.

15 de enero de 2007

Ángel de la Guarda

Rezaba. Sentía como el frío calaba por sus huesos. La enorme iglesia, alguna vez refugio para el alma de miles de personas, se encontraba vacía y silenciosa. Solo él se encontraba arrodillado en uno de los bancos de la iglesia, con los ojos cerrados y las manos juntas apoyadas en el reclinatorio.
Rezaba todo lo que se le venía a la memoria. A su mente venían imágenes de sus clases de catecismo cuando era un niño, preparándose para su primera comunión. Su primera oración fue el Padre Nuestro, pero nunca le gustó el final. "Líbranos del mal", decía, y no podía ser más apropiada ahora. "Líbranos del mal", repetía, y su cuerpo se estremecía como si de convulsiones se tratara.
"Dios te salve, María", comenzó a recitar luego en su cabeza, y de inmediato pensó en rezar un rosario. Pero se encontró con un problema: nunca aprendió cuáles eran los misterios -"¿qué día es hoy, miércoles? ¿Son los gozosos, los dolorosos?"-. Además, rezarlo lleva tiempo y tampoco tenía a la mano el rosario de pétalos de rosas que heredó de su madre. "Ruega por nosotros los pecadores... mejor cambio de oración".
Pensó en el Credo -"¿el largo o el corto?"-. Se ruborizó al constatar de que no se acordaba de nada. Justo ahora, olvidarse del Credo. Le venían algunas frases, "...de todo lo visible y lo invisible... fue crucificado, muerto y sepultado", pero no mucho más.
En medio de su tribulación, encontró la plegaria que estuvo siempre en su corazón y que le enseñó su madre: la oración para su Angel de la Guarda. "No me desampares ni de noche ni de día, no me desampares ni de noche ni de día", su mente y su corazón repetían la frase ininterrumpidamente.

El tanque estaba en la puerta de aquella iglesia, listo para disparar. Sólo esperaba la orden del capitán al mando.

Sintió un resplandor que lo encegueció. Luego un estallido. No pudo siquiera reaccionar. Fue lo último que escuchó.

- No había nadie en la iglesia, capitán. No encontramos restos - dijo el soldado presuroso.
- Habrán huído todos, cobardes. Ya no podrán regresar.

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La obra es de la ilustradora Anne Bedos y se llama "Guerra"
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En otro orden de ideas... necesito todo el apoyo con el que pueda contar para la grabación que realizaremos este sábado para el programa "SUPER BEBÉ". Necesito tantos niños como pueda encontrar para que participen en el mismo. Aquí está el anuncio con la solicitud. Cuento con su ayuda para hacerlo llegar a la mayor cantidad de gente posible.
Besos y abrazos a quien corresponda...

11 de enero de 2007

Tiempo de juego

Volaba, atravesando las nubes, y sentía el sabor dulce del algodón en sus labios, mientra el viento golpeaba su rostro a gran velocidad. Daba piruetas en el aire, logrando movimientos jamás imaginados para un experto aviador. Volaba y saludaba a las gaviotas y alcatraces que planeaban a su lado, y lo saludan con alegres graznidos, acompañándolo en formaciones aéreas dignas de un escuadrón invencible.

Sin más, la enorme gandola de carga con su valiosa mercancía recorría grandes distancias, atravesando ciudades y países enteros, con una potencia y velocidad que la hacían indetenible. La bocina, que al sonar lograba escucharse a diez kilometros de distancia (incluso más si la noche estaba quieta), era tocada por el conductor con orgullo cada vez que algún colega se atravesaba en la carretera, en son de camaradería.

Sabía que no le faltaba mucho para llegar a la meta. Muy pronto, su sueño de ser el piloto de automóviles más veloz del mundo estaría por convertirse en realidad, cuando la bandera a cuadros decretara su victoria. Ya había viajado a mayor velocidad que cualquier ser humano sobre la tierra, y en pocos segundos sería su consagración, el público lo adoraría y lo alzaría en hombros, aplaudiendo sin cesar la magnífica hazaña deportiva que había alcanzado.

Corría porque no podía llegar tarde al hospital, el paciente que agonizaba detrás necesitaba no solo de atención médica, sino de su capacidad para evitar el tráfico y abrirse paso entre los transeuntes que miraban impactados la fiereza y arrojo del conductor de aquella ambulancia, que hacía todo por salvar a su paciente.

Oyó la voz de su madre. Sabía que todo había terminado, que era hora de bañarse y cenar. El tiempo de juego se había agotado. Arrastró su carrucha, que su padre le ayudó a construir con las piezas que fueron recopilando durante largo tiempo. Mañana será otro día.

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La foto fue tomada por Richard Torres en el pueblo de Chuao, Estado Aragua

7 de enero de 2007

Bendita eres...


Estas son las cosas que son noticia al comenzar este año 2007. La artista Kate Kretz ha realizado esta obra, llamada "Bendita eres" que se encuentra en este momento en la Galeria Chelsea de Miami, llamando la atención sobre como nuestra cultura "endiosa" a figuras famosas por su trabajo en la industria del entretenimiento, y en muchos casos, tan solo por contar con una figura y un rostro "perfectos".
Este es el blog de la artista Kate Kretz, donde podrán tener más detalles de su trabajo (en inglés).

6 de enero de 2007

La flauta

En la plaza, aquel hombre hacía sonar su vieja y desvencijada flauta, tan dulce como sus notas. Era navidad y eso se sentía. De sus dedos surgían como magia villancicos, aguinaldos, todos ellos recordando a quienes oían la razón de tanto verde, rojo, escarcha. El resto del mundo callaba mientras el sonido de aquel instrumento llenaba cada rincón. Aquel flautista parecía no mirar, tan concentrado estaba en dar ese concierto, mientras los transeuntes hurgaban en sus bolsillos para llenar el del chaleco rojo que se paseaba por cada uno de los bancos de madera.

Llegó a su casa con un pan de jamón, una botella de sangría y un juguete, una chuchería que logró que le bajaran de precio en la quincalla de la esquina. Ya su hijo dormía. Comió un trozo de pan y se sirvió un vaso de vino, mientras escuchaba el resonar de los petardos que toda la ciudad había preparado para esa noche.
A las doce, se acercó a la cama de su hijo, colocó el regalo sin envolver, y murmuró "Feliz Navidad".

El niño abrió los ojos y de inmediato recordó que era día de navidad. Se levantó y encontró un regalo al lado de su cama. Era una flauta nueva y reluciente.
El niño la tomó y fue donde estaba su padre. Lo encontró dormido sobre la mesa maltrecha. Colocó la flauta sobre la mesa, tomó un trozo de papel y un creyón de cera que encontró en su cuarto y escribió una pequeña nota que decía: "Del niño Jesús, para mi papá".