5 de diciembre de 2006

Reconciliación

Hoy es 5 de diciembre. El día amaneció claro, fresco, pon pocas nubes en el firmamento. Todavía no he salido de mi casa desde la última vez, 03 de diciembre a la 1:00 pm, cuando me dispuse a votar en el que fue mi colegio durante 10 años.
Sin embargo, me da la impresión de que algo ha cambiado en el ambiente, aunque es evidente que no puedo saberlo si aun no he puesto un pie fuera de mi casa. Quizás soy yo el que cambió. Quizás todos cambiamos, aunque sea un poco.
No hay quien hable de fraude sin que sea silenciado por quienes piden "no más".
Pero hay muchos que, luego de la derrota, entienden que la realidad de este país es una muy distinta a la que les venden todos los días en los comerciales de televisión. Es muy distinta a la que vemos desde las autopistas, las calles de las urbanizaciones, los grandes supermercados, los malls mayameros.
En algún momento, quien sabe cuando, un grupo de venezolanos decidió que la flora y fauna de sus cerros no eran verdes; su ecosistema era conformado por ladrillos, cemento y láminas de zinc.
En algún momento, quien sabe cuando, un grupo de venezolanos decidió que "la ciudad" es solo la zona en la que la gente vive en edificios y quintas bien identificados, con nombres de calles y números en las puertas.
En algún momento, los venezolanos olvidamos que hay gente que no vive en "la ciudad".
En algún momento, comenzamos a pensar que la ciudadanía venezolana se obtenía en las universidades.
En algún momento, empezamos a creer que votan solo los que votan en "mi" colegio.
En algún momento, ocurrió un sismo que creo una barrera entre "ellos" y "nosotros".
Y ahora, no sabemos cómo, alguien habló del otro lado de ese muro. Cantos de sirena que movilizaron a quienes habían quedado allá, en aquel extremo, en la "otra" ciudad. Cantos que en algún momento, hace rato, dejamos de entender, que están escritos en una lengua distinta a la nuestra.
Ahora somos concientes de esa diferencia. Una diferencia que se materializa a veces solo en incomprensión, pero otras veces lo hace en resentimiento, rechazo y odio.
Y decimos que fueron hechizados por un encantador de serpientes, manipulados, engañados. Y decimos que el encanto surte efecto en aquel que no tiene capacidad para comprender lo que nosotros sí comprendemos. Que su verdad no es verdad.
Y nos dimos cuenta que los encantados son muchos. Muchísimos. Y quizás nuestro ratón moral nos recuerda que fuimos nosotros, hace mucho, los que abrimos ese abismo que hoy no permite que nos entendamos. Que la razón de nuestra depresión es que, en buena medida, somos responsables de que "ellos" hayan sido atraídos por los cantos de sirenas. Que el motivo de nuestro pesar es que ahora no sabemos cómo hacer para hablar el mismo idioma y convencerlos -no de que esa no es la vía-, sino que la vía debemos construirla juntos, en consenso.
Escuchemos: ese es el primer paso para reconciliarnos.

Besos y abrazos a quien corresponda.

6 comentarios:

Richard dijo...

la idea es simplemente esa... ver como logramos que todos hablemos el mismo idioma

Anónimo dijo...

Todo mi apoyo para ustedes.

Saludos.

rafico dijo...

A veces grandes singularidades son un nicho para que emerjan nuevas cosas. Ánimo somos muchos los que cuestionamos a los Mesías…

El loco dijo...

La cruel realidad, a veces de verdad nos olvidamos, otras veces simplemente nos hacemos los locos.
Excelente post...
Saludos

Anónimo dijo...

Me gustó mucho su relato. Felicidades amigo y mucho ánimo, todavía tienen un camino por recorrer pero seguro que lo harán con paso firme y, lo que es más importante, lo harán bien.

Anónimo dijo...

Es tiempo de volver a comenzar a ver que tal nos va.

Todo lo mejor para ti.