1 de febrero de 2007

Instinto

Salió del trabajo y lo primero que pensó fue en ir a tomarse una cerveza. Total, nadie lo esperaba en casa y era una de esas noches en las que no quería ir a encerrarse a ver televisión o a pegarse de la silla frente a la computadora y chatear como loco a ver si conseguía algo de diversión.
Pensó en irse a aquel local "de ambiente" en el que siempre conseguía lo que él estaba buscando. Nunca entendió lo que significaba eso de "el ambiente", le parecía irónico que lo llamaran así. "¿Será porque es natural?", pensaba. "¿O porque los maricos cuidan más el ambiente que los heteros? ¡Coño, no se podían haber buscado otra forma de decirlo!". Lo que sí era cierto es que le gustaba ir a ese bar a ver hombres relajados, conversando, bebiendo y bailando entre ellos libremente. Y eso era lo que en ese momento le hacía falta.
Recordó las múltiples oportunidades en las que había salido resuelto de allí. En esa barra le brindaron su primera cerveza, se la envió un niño que estaba al otro extremo del lugar y que si lo hubiera visto en la calle juraría que todavía iba al colegio. Pero luego de conversar un rato con él, el niño le juró que tenía 19 años y hasta la identificación le mostró, comprobando su fecha de nacimiento.
En otra oportunidad, sintió que había coronado la noche cuando una pareja de hombres increíblemente masculinos, vestidos con chaquetas de cuero y con mucho vello corporal lo invitaron a terminar aquella velada en su casa. La experiencia fue excitante y diferente a todo lo que alguna vez había sentido, y desde esa vez entendió que él es un hombre al que le gustan los hombres, y no los niños delgados con maneras de mujer que muchas veces inundaban los locales "de ambiente".
Pero algo le decía que esta noche no era la adecuada. Pensó nuevamente en lo que podría conseguir con su mirada pícara, su sonrisa cautivadora y su culo respingón que se había mandado a hacer tres meses atrás y que había sido quizás la mejor inversión de su vida. Sabía que la diversión era segura, aunque una vocecita le decía muy bajo al oído que se fuera para su casa, que no buscara pelea... al menos no esa noche.
Le atribuyó el mal pensamiento al cansancio laboral, y justo por eso mismo pensó que lo mejor sería llegar al bar, tomarse una birra y relajarse, dejar que la noche tomara su rumbo. Así que enfiló su automóvil hacia lo que esperaba que fuera una noche de placer.

Entró al local y recorrió con su mirada cada esquina del lugar, intentando reconocer caras que le facilitaran el trabajo de levante. Y sí, había alguien conocido. Escuchó una voz a su espalda que le saludaba.
- Buenas noches, Pedro. Usted por aquí...
No tuvo que voltear para reconocer de inmediato a su interlocutor. Tuvo que esperar un instante para reaccionar de la forma más adecuada. Se volteó lentamente, alzó la mirada y extendió su mano.
- Jefe, cómo está... tanto tiempo sin verlo.
Juró que nunca más dejaría de escuchar a su instinto.

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La obra es una reproducción del artista Anoro Manel, llamado "Bar Verde"

2 comentarios:

El loco dijo...

Caraj...que mala pata, está muy buena la parte de la mejor inversión: el culo jejejeje
Saludos

Jogreg dijo...

Loco: lo peor del asunto es que el cuento es "basado en hechos de la vida real"... Aunque no me hace falta hacerme el culo.
Saludos