23 de junio de 2007

Macondo

Todavía recuerdo la primera vez que leí "Cien Años de Soledad", tendría como 14 años. Para ese entonces ya tenía cierta afición por la lectura, promovida por mi señora madre desde que era un crío, quien antes de dormir leía al menos durante media hora su libro de cabecera. Nunca faltaban al menos tres o cuatro libros en su mesa de noche. Yo copié un poco ese hábito. Comencé con algunos libros ilustrados que disfruté enormemente: "Guillermo Tell" y "Cuento de Navidad", ambos en una edición de hojas grandes con ilustraciones llenas de color, tipo comics, que leí y releí hasta la saciedad. También recuerdo haber descubierto a Mafalda, con su ingenuidad, llena de preocupación por el mundo. Me aprendía de memoria las viñetas del libro gris enorme que hacía una gran recopilación de 10 años con esta argentinita fanática de los Beatles.
Cien Años de Soledad me lo mandaron a leer en el colegio, y recuerdo que a pesar de ser una imposición, terminé leyéndomelo con cierto gusto. Quizás a esa edad no tenía cómo comprender la belleza del libro, de este cuento profundamente nuestro que acababa de leer. Ahora, 20 años después, y a 40 años de su publicación, decidí comprarme la edición especial realizada por las Academias de la Lengua Española de Iberoamérica, y releer la historia de la estirpe de los Aurelianos y los José Arcadios Buendía, el primero atado a un árbol y el último a quien se lo llevan las hormigas, profecía escrita en sánscrito por el gitano Melquíades, el portador del hielo.
Y fue una maravilla imaginar a Úrsula Iguarán, cada vez más ciega, con piel de pergamino. Y a Remedios la Bella, ascendiendo a los cielos envuelta en sábanas blancas ante la mirada atónita de Fernanda, la única reina en una tierra donde no tenía súbditos. Y a José Arcadio el navegante, lleno de tatuajes, enorme y fuerte como un toro. Y al coronel con su eterna lucha contra los conservadores solo por soberbia. Y a Amaranta, la eterna virgen, quien se negó a entregar su pureza luego de que Rebeca se casara con José Arcadio. A Pilar Ternera y Petra Cotes, quizás las dos mujeres que, después de Úrsula la matriarca, conocieron mejor a los hombres de la estirpe. A la enérgica Amaranta Úrsula, al solitario Aureliano Babilonia, a la incomprendida Meme...
Una historia que comienza y termina en sí misma, con la creación del mundo y su destrucción final, cuando una tormenta se lleva los últimos resquicios de un pueblo cuyo destino estuvo escrito desde la primera vez que la imaginación y el genio de Gabriel García Márquez escribió "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".
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La obra se llama "Folia" y es de Andréa Guim

3 comentarios:

El loco dijo...

jeje...yo cuando lo leí en la adolescencia (por requisito escolar) pensaba que "El Gabo" se había fumado una de buena calidad, los personajes me parecían alucinaciones increibles.
Luego de leerlo recientemente, todavía me lo sigue pareciendo,pero ahora los disfruté...Gran libro
De paso te felicito por tu blog de la BBC...allí jamas encontré la manera de dejar los comentarios...mucha gente debería seguir tu ejemplo y "salir del closet" no solo de la sexualidad, sinó de la vida...y vivir con convicción...un abrazo para ti

Willy, el tímido dijo...

Genial
Yo también lo leí en bachillerato... lo mío fue diferente. No lo leí para la materia y antes del examen una amiga, muy estudiosa me hizo un resumen, con un arbol genealógico, de toda la novela.

Te imaginarás. Cien años de soledad, resumido en un arbol genealógico, en una hoja, escrita a lápiz y arrancada del cuaderno. Mi amiga era genial, muy brillante.

Presenté el examen y salí bien.

Me gustó tanto lo que mi amiga me contó de la historia, tanto, tanto, que lo leí por mi cuenta. después de presentar el examen, aun sabiendo el final, lo que más me gustaba era como lo narraba el Gabo. Esa fue la tercera obra que leí de él.

En tercer grado leímos el relato de un naufrago, en clases con la maestra, para practicar la lectura. y en segundo año, si mal no recuerdo, leimos "Crónica de una muerte anunciada".

Todavía recuerdo el color azul de las víceras del tipo en la parte final de la novela, o el galápago que remolcó al náufrago los últimos días de su travesía cuando el hambre y el sol le hacían jugarretas.

Recuerdo el color verde de un licor espeso que sirvieron las ancianas al extranjero en el cuento Un hombre viene bajo la lluvia.

Recuerdo el rastro de sangre en la nieve de Nena Daconte, el olor de las flores en Alguien desordena estas rosas, el frío en los huesos de Isabel viendo llover en Macondo, las naranjas con diamantes del novio de Eréndida, el olor de los almendros amargos de Florentino Ariza.

El Gabo es para mí un río de recuerdos, de olores, de sabores, nuestros, propios. Los cuentos del Gabo huelen a guayaba, a guisado, a playa, a caribe, a hígado, a desayunos,a patios frutales, con baldosas de ajedrez.

Muy rico tu post del Gabo.

Un abrazo gorila

Andrea Guim dijo...

Olá!
Sou Andréa Guim! Gostei de ver meu quadro em sua postagem! Bom saber que você gostou dele e o está divulgando em um post tão interessante.
Obrigada.