26 de marzo de 2006

Mi versión de la historia


Nos levantamos a las 3:30 de la madrugada. La convocatoria del Ministerio de la Cultura y el Museo de Arte Contemporaneo era para las 5:00, pero queríamos llegar un poco antes, por si acaso cualquier eventualidad. Llevamos ropa ligera (en mi caso, pantalones deportivos, franela manga larga, zapatos sin medias). La identificación y algo de dinero en los bolsillos y nada de teléfono móvil. Dejamos todas las prendas (anillos, cadena), para evitar cualquier percance.
Llegamos a la Av. Bolívar a las 4:15 am. Ya había cierta cantidad de gente, las calles aledañas estaban cerradas por la policía y la guardia nacional. Gente identificada como organizadores del evento nos daban la bienvenida y en algún momento comenzaron a recibir las planillas de inscripción, que sirven para que luego nos envíen una copia de la foto tomada durante el evento.
Nos hicieron pasar hacia la zona del patio del edificio de los tribunales, que queda justo detrás del lugar donde se tomaría la foto. El lugar escogido para la ropa fue estratégico, ya que solo tiene una entrada, que podía ser vigilada fácilmente por los organizadores y la seguridad. Allí nos sentaron un rato, esperando a que saliera el sol para iniciar la sesión de fotos. En este punto, todos se miraban un poco curiosos, imaginando como serían esos cuerpos desnudos, cuál sería la reacción. Se sentía algo de nerviosismo, pero en general mucho entusiasmo. Desde ese momento me quedó claro que lo más interesante de este asunto era la diversidad; en particular, me tenía impresionado la señora que estaba a mi lado, de unos 65 o 70 años, muy humilde, vestida con una bata de casa, un pequeño abrigo y sandalias. Habría jurado que a la señora la habían llevado engañada al sitio, porque es de esas personas que uno seguramente se encontraría en una iglesia rezando un rosario.
A partir de ese momento empezaron las casualidades: amigos del colegio, alumnas, colegas, otros conocidos de la vida... Era poco probable que ante un grupo tan numeroso no hubiera nadie conocido.
A las 6:00 de la mañana más o menos (no llevaba reloj), nos dan algunas indicaciones: La sesión comenzará apenas salga el sol. No deben quitarse la ropa hasta tanto no se les indique. Luego de que vivan la euforia inicial de la desnudez, traten de calmarse y escuchen bien las instrucciones del fotógrafo, de modo de lograr la toma deseada.
A partir de ese momento, todos esperaban que el sol apareciera por el horizonte. Ya la gente comenzaba a quitarse pantalones, camisas, preparándose para el momento de quedarse en bolas. La idea era quitarse la ropa, doblarla muy bien y colocarla en el piso, ubicándola bien en el lugar. Un grupo de seguridad se encargaría de vigilar que nadie tocaría o movería nada. Al finalizar, regresaríamos allí a buscar nuestra ropa y todo regresaría a la normalidad.
Finalmente, el momento que todos esperaban: con un megáfono, uno de los asistentes del fotógrafo dio la orden: "¡Pueden desnudarse!". Todos comenzaron a quitarse la ropa en medio de vítores, aplausos, risas... El momento fue de total euforia. De alguna manera, los aplausos y los gritos servían para ratificarnos que todo estaba bien, que nadie se estaba burlando de otro, sino que todos estabamos allí orgullosos de poderle mostrar al mundo nuestro cuerpo desnudo, con el mayor respeto hacia el resto de los que estábamos participando.
Comenzó la caminata hacia el lugar donde se tomaría la foto. El desorden de los venezolanos retrasó un poco todo el proceso. No podría negar que todo este asunto pudo haber tenido alguna connotación sexual. Seguramente más de uno tuvo una erección viendo tanta carne al aire. Y podría sospechar de alguna que otra chica que también se sintió algo movida viendo tanto hombre. Era la oportunidad de ver, y para ver habían 1500 cuerpos. De todos tamaños y colores. Por supuesto, un banquete para la vista. Incluso, hubo quien también se dio a la tarea de "tocar": tanta gente junta, pues de seguro algún roce, algún tropiezo, hizo que la desnudez "chocara", con su posterior "disculpe, lo siento, lo lamento... ¡pero es que con tanta gente junta cómo se le hace!"
Pero al final, Spencer Tunick se declaró satisfecho con lo logrado. Primero de pie, luego acostado en medio de la calle y finalmente de cuclillas en el piso, me sentía modelo de revista trabajando para un artista. La sensación de estar desnudo iba pasando, ya la gente no estaba haciendo demasiado caso a nuestra anatomía recién descubierta. La libertad se iba apoderando de nuestras mentes, porque nuestros cuerpos ya habían sido liberados previamente. Hora y media después, y luego de tres poses, se oyeron de nuevo los aplausos cuando Spencer Tunick gritó "¡Muchas gracias, Caracas!". Todo había acabado.
Regresamos al lugar donde estaba la ropa. Intacta. Nos vestimos y empezamos a cuadrar el desayuno, porque despiertos desde las 3:30 de la mañana, a las 9:00 ya tenía demasiada hambre.

5 comentarios:

Baakanit dijo...

Muy interesante, veo que la experiencia vivida te ha dado mucho material, todavía puedes hacerte unos cuantos post más.

" que podía ser vigilada fácilmente por los organizadores y la seguridad"

Por qué debía ser vigilada la entrada? No dejaron a nadie que quisiera sólo ver colarse?

Qué clase de beneficios adquirirá spencer gracias a ustedes?

El mundo de los blogs es fascinantes gracias a él nos podemos tocar con diversos grupos de personas. Ha sido muy grato para mi visitar tu página, tienes una narración muy viva de lo que ha pasado.

Cuídate

Jogreg dijo...

No permitían el ingreso de nadie que no estuviera participando. La idea de no dejar pasar a nadie era para que no se perdiera nada de ropa (lamentablemente, en nuestro país, la delincuencia puede no tener compasión).
Spencer Tunick es un artista, vive de sus fotografías, por lo que seguramente la venderá a muy buen precio. Es decir que, básicamente, lo hicimos "por amor al arte"...

CABINA AÉREA dijo...

Supongo que esta fabulosa y anecdótica experiencia pasará de generación a generación en tu familia y la fota probablemente ocupará un lugar estratégico en tu hogar. Enhorabuena, gracias por compartir tu experiencia..de otra forma resultaría improbable toparme con alguno de los 1.500 privilegiados modelos.

khayo dijo...

me siento muy orgulloso por q la actividad fue super la organizacion y que la gente mantuviera la compostura dictamino que para algunas cosas si podemos trabajar unidos en un diario de la web de tunick habian buenos comentarios sobre venezuela y el apoyo que recibieron....

saludos buen pots y blog

Regina Falange dijo...

Gracias por visitar mi espacio... No sólo te devuelvo la visita, sino que te congratulo por esta visión tan personal de tu experiencia y por la valentía! (sí, yo fui de las mojigatas que se inscribió y después dejó el pelero)

Un abrazo!