27 de junio de 2006

Preguntas para un día como hoy

Ustedes saben que a mi me cuesta darle la razón, aunque sea en parte, a este gobierno bolivariano. De verdad, es una cosa que me resulta complicada: las más de las veces ando pensando que este es un gobierno muy distinto al que quisiera para mi país. Pero los que me conocen saben también que, hasta prueba en contrario, este es un ejemplo de gobierno con amplio apoyo popular. Por favor, no quiero argumentos relacionados con las trampas montadas en el Consejo Nacional Electoral. No son votos, es sentimiento del más profundo: Este país es chavista y hasta que quienes adversamos este sistema no comprendamos claramente eso será difícil diseñar una estrategia clara de reconquista del sentimiento popular. Es como cuando uno se enamora: ese día, su novio no tiene acné, ni rollitos, ni es calvo, ni es viejo, ni lo tiene chiquito. Es perfecto, así tal cual es.
Dicho esto, el asunto es que ayer decía nuestro Ministro de Comunicación e Información William Lara, periodista de profesión, que los periodistas deberíamos repensar nuestro rol en este país. Que deberíamos revisar lo que ha sido nuestra labor, y sobre todo, los efectos que ha causado en la construcción de nuestra identidad y nuestros sistemas de relaciones.
Yo entiendo que aquí estamos ante el viejo dilema de ver el vaso medio lleno o el vaso medio vacío, y que lamentablemente para algunos, yo no puedo hacer otra cosa que verlo medio vacío -aunque me atrevería a decir que más vacío que lleno-. No quisiera extenderme en el tema, porque tampoco me gusta escribir textos demasiado extensos, así que voy a tratar de resumir mis preocupaciones:
1. La oda al periodivismo: ¿Es que acaso sólo Marta Colomina, Ibeyise Pacheco y Patricia Poleo son buenas periodistas? ¿Acaso opinar es hacer periodismo?
2. La oda al chismorreo: ¿Es que por tener "acceso a fuentes" -por demás dudosas- tenemos que creer en lo que suena más bien al chisme de Nélson Bocaranda o Berenice Gómez? ¿O tengo que recordar que ambos publican informaciones que les llegan "vía internet" como hechos "aparentemente ciertos"? ¿Dónde quedó aquello de confirmar y reconfirmar antes de publicar?
3. La solidaridad automática: Consecuencia directa de la anterior. Entonces, si todo lo que dicen es cierto, todo aquel que diga que lo que ellos dijeron es mentira atenta contra la libertad de expresión, quien los denuncia es un tirano y el juez que los condene está comprado o es oficialista, aunque las pruebas demuestren que el "periodista" lo que hizo fue divulgar un chisme y acabar con la reputación del indiciado.
4. El nuevo partido político: ¿Es posible que estemos diciendo que ante la ausencia de partidos políticos los medios "hayan tenido" que asumir ese rol? ¿Será que Marcel Granier será el próximo Presidente de la República y Alberto Federico su Ministro de Información?
5. La postura académica: ¿Será que las principales universidades del país están en la capacidad y la disposición de decirle a sus alumnos que estamos viviendo -a mi juicio- el peor momento de la historia del ejercicio periodístico? ¿Serán capaces de explicarles las razones?
6. El martirio innecesario: ¿Acaso no nos hemos ganado, de una forma o de otra, que algunos de nuestros compatriotas detesten lo que hacemos? ¿Tenemos que colocar siempre la responsabilidad en el otro, que nunca deja de ser un bestia, un bárbaro, en las líneas del oficialismo? ¿Por qué no chequeamos un poco qué es lo que estamos haciendo?
7. La irresponsabilidad periodística: ¿Seremos capaces y estaremos dispuestos a reconocer que muchos de nosotros y muchos de nuestros colegas ni están preparados, ni asumen con responsabilidad su función de informar oportuna, veraz y objetivamente a la gente?
Me despido diciendo lo siguiente: No estoy ejerciendo, pero soy periodista de profesión y de corazón. Estuve en los medios de comunicación el tiempo suficiente para darme cuenta de que no lo estamos haciendo bien. Lamento no poder comprar el periódico o leerlo en internet con la confianza de que lo que leo se acerca medianamente a la verdad, porque supe lo que es leer una gran mentira en grandes titulares. Y estoy viendo cómo, desde su (de)formación profesional, estamos perpetuando el pecado.
Hoy la gente me felicitó, incluso me llamaron para decirme "Feliz día del periodista". Doy y espero seguir dando clases, y hago y seguiré haciendo programas de televisión y de radio que nos demuestren que sí es posible hacer periodismo del bueno. Pero hoy, agradecí solo por compromiso, porque en honor a la verdad que deberíamos estar publicando, el país se merece que nos revisemos. Y si quieren comenzar a revisarse, agarren una cualquiera del montón de preguntas que les puse allá arriba, porque son esas y un montón más. Trabajo hay de sobra.
Besos y abrazos a quien corresponda.

P.S.: Buscando una foto en internet para ilustrar este blog, me encontré con esta caricatura que está en inglés y que por esas cosas de la vida, Blogger anda fastidioso y no me deja montarla, así que la describo brevemente:
En el mar, un hombre se aferra a un salvavidas, en el que se lee claramente "Titanic". Cerca de él, un periodista y su fotógrafo le dicen: "100$ si te ahogas aquí mismo". De otro lugar más lejano, otro periodista replica "200$ si te ahogas de este lado mejor". Finalmente, otro dice "Te doy 250$ y una taza de café caliente". Finalmente, una breve leyenda dice: "Un precio para cada historia, una historia para cada precio".
De nuevo lamento no poderla colocar. Espero poder hacerlo pronto.

26 de junio de 2006

Tungo, el perro telépata


Tungo, como todo buen perro, tiene su juguete favorito: un cordón de algodón muy grueso, blanco y rojo (en realidad, este es su segundo cordón, el primero, que era blanco y verde, llegó a parecer restos de coleto sucio). El asunto es que a Tungo le encanta que le lancen la cuerda lejos, y el sale corriendo, brincando de hecho, hasta donde está su cuerda, y luego la trae de nuevo para volver a jugar (aunque es difícil arrancársela de las fauces cuando la tiene agarrada).
El asunto es que esta mañana, iba subiendo por las escaleras de la casa junto con Tungo, cuando por esas cosas de la vida vi que la cuerda estaba en la sala, es decir, abajo. En eso, pensé: "Le voy a decir a Tungo que busque la cuerda y la traiga arriba".
No lo había terminado de pensar cuando el perrito se ha devuelto por las escaleras, salió corriendo hasta donde estaba la cuerda, la agarró y subió con ella hasta la planta alta.
A partir de ese momento, se convirtió en Tungo, el perro telépata.
Besos y abrazos a quien corresponda.

23 de junio de 2006

Un cuento que no es mío


Hace pocos días una amiga me contó un cuento que me pareció muy simpático y que quiero compartir con ustedes:
Desde que tiene uso de razón, Laura ha sido lesbiana. Nunca sintió nada de nada por el sexo opuesto, y en el momento de empezar a sentir hormonas subir y bajar, supo que el objeto de su afecto sería una mujer, así que cuando tuvo la oportunidad de desarrollar su vida social, afectiva y sexual, lo hizo tal y como sus impulsos se lo pidieron.
Ante las llegadas tarde a su casa y las señales que la madre de Laura detectaba en su hija, la señora empieza a presionar a su hija, a criticar -como toda madre- sus aparentes excesos relacionados con las fiestas y todo lo que ello implican.
-¡Anda, otra vez llegando tarde! ¡Y ese olor a cigarrillo! Seguro que vienes medio tomada... ¿Con quién andabas? ¿Con tus amigas? Esta muchacha como que es tortillera, ¿ah? ¡Claro! Tortillera seguro...
Y ella, ante la eterna cantaleta, sacaba adelante su tropelía de excusas, disculpas y argumentos, siempre negando su condición, recordándole a su madre que ella era joven, que seguro a su edad también salía de noche y fiesteaba un montón.
La escena se repetía constantemente, a veces con más violencia que otras, pero la acusación de la madre se hacía siempre presente.
Un buen día, con Laura un poco más crecidita -y quizás luego de haber vivido alguna situación de esas que lo llevan a uno al límite-, la madre comienza con su retahíla de letanías. Laura, en un rapto de pasión le dice:
-Bueno, sí, soy tortillera, está bien, adivinaste, ¡soy tortillera!
-Anda, a ver quien te cree, niña, tú lo que estas es borracha y medio dormida, ¡que tú de tortillera no tienes nada!
Desde ese día, nunca más, nunca más, Laura revivió una escena de esas a las que ya estaba tan acostumbrada.
Eso se llama hacerse el loco -o en este caso, la loca-.
Besos y abrazos a quien corresponda.

Obra: Mujer ante el espejo
Autor: Pablo Picasso
1932.

18 de junio de 2006

Como una premonición...


...anoche fui al teatro. Unos amigos nos invitaron a ver una obra en la Casa de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) llamada "Falsarios". Yo aprendí a que antes de decir si algo es bueno o malo, lo cual es un juicio de valor que pretende calificar para que otros se vean influidos por mi criterio, primero digo si me gustó o no me gustó, lo cual no tiene nada que ver con que sea buena o mala sino con una sensación menos racional, mucho más visceral, del momento que pasé anoche.
Y... la obra me gustó. No es que haya sido el momento más arrecho de la historia del teatro en mi corta vida, pero la disfruté, me pareció entretenida -entretenidísima, dirían mujeres como Valentina Quintero, haciendo énfasis en la í acentuada y subiendo el tono, y manteniendola por un instante, así, sifrino como a mi me gusta-. Me reí un rato, sufrí otro rato -típico de las tragicomedias autóctonas y anecdotarias de hoy en día-, y mi mayor sufrimiento fue pasar una hora sentado en una silla caótica, vencida, que era más una invitación a salir corriendo de la sala que a disfrutar de la función.
En fin que ni siquiera sabía que la palabra "Falsarios" existía en el diccionario, así que decidí buscarla en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que dice así:
falsario, ria.
(Del lat. falsarĭus).
1. adj. Que falsea o falsifica algo. U. t. c. s.
2. adj. Que suele hacer falsedades o decir mentiras. U. t. c. s.
(No sé que significa U. t. c. s., si alguien sabe, le agradeceré en el alma que me explique).
Bueno, el asunto es que la obra va de una de esas situaciones que parece que empiezan a ser cada vez más repetitivas en nuestro mundo moderno. Esta es una de las facetas de aquello que dicen las mujeres de que "ya no quedan hombres por ahí". Lo que pasa es que antes decían que no habían hombres porque no son caballerosos, porque dejaron de ser el sostén del hogar para ser el mantenido de la casa... Pero la excusa de ahora es que aparentemente hace falta quien invente y patente una pruebita casera muy rápida, así como las pruebas de embarazo, que garantice que ese hombre que me estoy llevando a la casa no sea marico. Una gotica de orina, semen, sudor, un pelito, lo que sea, y a los dos minutos usted se entera si este hombre es un macho de verdad verdad o si, muy por el contrario, es un macho que lleva su nazareno a cuestas.
Todo esto aderezado por el peo que significa que una mujer se entere, luego de 8 o 9 años de un dudoso matrimonio, que el desinterés de su marido no se debe a la gordura que ella intenta hacer desaparecer con la ayuda de cuanto tratamiento se le ocurra a su muy famoso doctor -que además está requetebueno-, sino que la falta se debe a que justamente ese señor con la que la doñita tuvo la desdicha de casarse en mala hora tiene tres años de amores con el mismísimo doctor que la viene torturando para que su grasa sea cosa del pasado.
Y, como una premonición, ahí estaba yo viendo la historia de la vida que decidí no vivir. Porque mi cuento es el de un hombre que agarró sus cachachás y le dijo a su madre "no, señor, no me caso, o mejor dicho, sí me caso, sí me mudo, y hasta muchachos quiero tener, pero no es ni con Carolina, ni con Gabriela, ni con Luisa... nada de eso. La cosa es con Richard, y si te gusta bien y si no también".
Porque desde hace rato me dejé de guevonadas. Porque no, compadre, yo, de falsario, nada.
Besos y abrazos a quien corresponda.

17 de junio de 2006

La vida es puro teatro


¿Hasta qué punto uno es uno? Este no es un dilema matemático ni mucho menos. Es un asunto casi de vida o muerte, más de vida que de muerte, un asunto demasiado serio sobre el que practicamente no pensamos.
Cuando yo me muera, ¿qué irá a decir de mi la gente que me conoce? ¿Hace falta morirse para eso? No es que ande buscando que me lo digan, ojo, es una pregunta que les dejo para que lo piensen como tarea para la casa. O para la mente. A donde quiero llegar es: ¿será que lo que digan de mi concuerda con lo que yo creo que soy? Parece un tema sin importancia, eso de qué piensan los demás de uno. Incluso, pasamos la vida intentando no pararle al qué dirán. Pero una cosa es ese superfluo qué dirán, con el ánimo de crítica por delante, y otra muy distinta es lo que efectivamente ve la gente en uno, y si eso que la gente ve es lo que uno ve cuando se mira al espejo.
La cosa es que siempre termina dándome la impresión de que uno se pasa la vida actuando. También sé que no estoy diciendo nada nuevo, pero cuando te cae la locha te cae. Es cuando te das cuenta de lo vital que es decidir si actuas o no actuas, ver cuál es el papel que quieres interpretar.
Me recuerda a una historieta de Mafalda (adoro a Mafalda), en la que Miguelito, con su cabezota de lechuga, le llega a Felipe, que está de lo más tranquilo mirando el horizonte, y le dice que al final uno tiene tres opciones: Dársela de sabrosito para que todo el mundo te admire, dársela de arrecho para que todos te teman, o tratar de pasar desapercibido (por supuesto, Quino no lo escribió de esa forma). Miguelito le dice que de esa decisión depende la vida misma... Y por supuesto, le amarga la vida a Felipe, que andaba de lo más tranquilo pensando nada.
Así es que al final, más allá de las circunstancias, uno debería decidir cómo carrizo es que va a vivir, y creo que la idea es tratar de que el resto de la gente con la que uno inevitablemente se relaciona tenga una imagen bastante cercana de la decisión que uno tomó, no vaya a ser que a la hora de morirse, digan de uno "es que él era tan bueno" cuando en realidad eras una mierda...
Besos y abrazos a quien corresponda...

Obra: EL ESPEJO
Autor: A. ZALCE
SERIGRAFÍA
1991
44x51 cm
Cento Cultura Universitario, México