Todavía recuerdo la primera vez que leí "Cien Años de Soledad", tendría como 14 años. Para ese entonces ya tenía cierta afición por la lectura, promovida por mi señora madre desde que era un crío, quien antes de dormir leía al menos durante media hora su libro de cabecera. Nunca faltaban al menos tres o cuatro libros en su mesa de noche. Yo copié un poco ese hábito. Comencé con algunos libros ilustrados que disfruté enormemente: "Guillermo Tell" y "Cuento de Navidad", ambos en una edición de hojas grandes con ilustraciones llenas de color, tipo comics, que leí y releí hasta la saciedad. También recuerdo haber descubierto a Mafalda, con su ingenuidad, llena de preocupación por el mundo. Me aprendía de memoria las viñetas del libro gris enorme que hacía una gran recopilación de 10 años con esta argentinita fanática de los Beatles.Cien Años de Soledad me lo mandaron a leer en el colegio, y recuerdo que a pesar de ser una imposición, terminé leyéndomelo con cierto gusto. Quizás a esa edad no tenía cómo comprender la belleza del libro, de este cuento profundamente nuestro que acababa de leer. Ahora, 20 años después, y a 40 años de su publicación, decidí comprarme la edición especial realizada por las Academias de la Lengua Española de Iberoamérica, y releer la historia de la estirpe de los Aurelianos y los José Arcadios Buendía, el primero atado a un árbol y el último a quien se lo llevan las hormigas, profecía escrita en sánscrito por el gitano Melquíades, el portador del hielo.
Y fue una maravilla imaginar a Úrsula Iguarán, cada vez más ciega, con piel de pergamino. Y a Remedios la Bella, ascendiendo a los cielos envuelta en sábanas blancas ante la mirada atónita de Fernanda, la única reina en una tierra donde no tenía súbditos. Y a José Arcadio el navegante, lleno de tatuajes, enorme y fuerte como un toro. Y al coronel con su eterna lucha contra los conservadores solo por soberbia. Y a Amaranta, la eterna virgen, quien se negó a entregar su pureza luego de que Rebeca se casara con José Arcadio. A Pilar Ternera y Petra Cotes, quizás las dos mujeres que, después de Úrsula la matriarca, conocieron mejor a los hombres de la estirpe. A la enérgica Amaranta Úrsula, al solitario Aureliano Babilonia, a la incomprendida Meme...
Una historia que comienza y termina en sí misma, con la creación del mundo y su destrucción final, cuando una tormenta se lleva los últimos resquicios de un pueblo cuyo destino estuvo escrito desde la primera vez que la imaginación y el genio de Gabriel García Márquez escribió "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".
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La obra se llama "Folia" y es de Andréa Guim