Casi me caigo de la silla.- Tú me estas jodiendo.
- Papá...
- Tienes que estarme jodiendo. No me puedes echar esta vaina.
Sí me la estaba echando. En un instante, mi mente se llenó de imágenes que me mostraban las consecuencias de la maravillosa noticia que me acababa de dar mi único hijo, el primogénito y el mayor de mis tres retoños, el único que tendría la oportunidad de continuar con el apellido, el orgullo de papá, el más inteligente, el más capaz, el más valiente. Ese es mi muchacho... ¿o era?
- ¿Estas seguro?
- Sí.
- ¿Y no hay vuelta de hoja?
- No.
¿Será posible que a mi hijo, al que yo crié como todo un varón, ahora le gusten los hombres?
- ¿Y se puede saber de dónde sacaste tú esta cosa?
- ¿Qué cosa, papá?
- Esta pendejada, esto de que te gustan los hombres. ¿Qué haces con ellos? ¿Te besas? ¿Te acuestas con ellos?
- ¿Y para qué quieres los detalles?
- No sé, para torturarme, o para asegurarme de que de verdad no hay manera de echar para atrás todo esto. ¿Eso quiere decir que ya no eres virgen... de allá atrás?
- ¿Virgen de allá atrás? ¡Papá!
- ¡No, ni me digas! Estoy descubriendo una faceta masoquista en mi que no conocía, preguntando cosas que preferiría no saber. Aunque pensándolo bien, hay una cosa que me gustaría tener clara: ¿Este asunto es porque quieres ser mujer? ¿Te gusta vestirte de mujer?
- No, papá. No me gusta vestirme de mujer, ni quiero ser mujer. Simplemente me gustan los hombres.
- Ah, bueno, no es que sea un consuelo, pero me tranquiliza un poquito saber que no eres una drag loca que sale por las noches a rumbear entaconada a los bares de ambiente...
- ¡Chico, que notición el que te lanzó tu hombresote! Nadie lo habría imaginado.
- Y yo sin saber ni cómo reaccionar. Me agarró completamente fuera de base, descolocado. Alguna vez me pregunté si mi hijo sería gay, pero nunca me puse en esta situación.
- De tal palo, tal astilla, es lo que dicen, ¿no?
- Sí, hombre... ¿será genético?
- Será...
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La obra se llama "Padre e Hijo", del artista Xavier Castellanos.



