Bajo esa premisa, me cuesta mucho comprender a las personas que andan por la blogosfera dejando mensajes anónimos con expresiones de odio contra contenidos que no le son afines. ¿Es muy difícil contenerse? ¿Hay un placer morboso en aquello de revolcarse en lo peor que tenemos los seres humanos, el odio, para expresarlo abierta y anónimamente? ¿O será que justamente, por ser internet un espacio tan libre, se nos permite sacar todos nuestros resentimientos sin consecuencias aparentes?
Porque estemos claros: en el mundo real, si alguien me odia, no va a estar viniendo a mi casa todos los días a agredirme de gratis. Es posible que ocurra, pero evidentemente esa conducta podría traer consecuencias. Más de uno podría llegar a creer que esa persona manifiesta una actitud enfermiza, patológica.
Entonces, para no encadenarme -porque creo que el punto queda bastante claro-: a mis "amigos" anónimos que aparentemente disfrutan con dejar mensajes de odio hacia los homosexuales, por favor, busquen algo mejor que hacer. Aprendan a respetar -aunque esta solicitud la hago con esperanzas vanas-. En todo caso, mi actitud seguirá siendo la misma, y la hago pública en este momento: esta es mi casa, y en ella entra -es decir, comenta- quien yo quiera. Mi aspiración es que esta experiencia bloguera -y muchas otras- sean agradables, por lo que no existe una razón consistente que me obligue a dejar en mi espacio una manifestación de odio irracional hacia mi persona o hacia personas que, como yo, decidimos manifestar sin ningún problema nuestra orientación sexual. Así que mensajes con esa tónica, serán eliminados sin ningún tipo de contemplación. El tema puede discutirse con altura, con argumentos. No así.
A veces, hay que poner a la gente en su sitio, porque para locos, con los míos, ya tengo.
"La homosexualidad no es una enfermedad. La homofobia, sí" es el lema de una campaña que me pareció excelente y que hoy coloco como colofón de un asunto que, ojalá, no tenga que volver a discutir.
Besos y abrazos a quien corresponda.