19 de agosto de 2006

El bombón del lazo rojo

Él esperaba. Solía ser un tipo paciente, comprensivo, de esos que no se altera. Pero esta vez la situación era distinta. Sentía que los nervios le recorrían todo el cuerpo. Él la esperaba en la puerta de su casa. Se había vestido para la ocasión, aunque intentó -en vano- que su atuendo no luciera desesperadamente adecuado, como si nunca hubiese tenido una cita.
Pasó un par de horas tratando de decidirse: flores o chocolates. Finalmente, se decantó por lo segundo: la primera opción le parecía terriblemente cursi y demasiado evidente para ser su estreno. Así que en la mano tenía un pequeño estuche coronado por un pequeño lazo rojo, que contenía un par de bombones (tampoco demasiados, para hacerle ver su interés por cuidar su salud y su figura).
También pensó en una carta. En algo que le permitiera expresarle lo que sentía por ella. Pero pensó que la apabullaría, y que probablemente sería un motivo para asustarla. Prefirió dejar las cartas y los poemas para después, cuando ella estuviera más clara de sus intenciones.
La invitó al cine y luego a comer algo. Ella había aceptado, pero siempre percibió un tono algo inseguro. Asumió que serían los nervios y el hecho de que seguramente la invitación la tomaría desprevenida. Ella era una chica acostumbrada a salir. El asunto es que nunca se imaginó que sería él quien la invitaría.
Ella quiso tomárselo con calma, casi como un juego. Pero algo le decía que esta no sería una cita cualquiera. Se miró una última vez en el espejo, pendiente de que todo estuviera perfecto. Salió del cuarto y lo vio parado al lado de la puerta, con la cajita de bombones y el lazo rojo, con su ropa bien arreglada, los zapatos limpios y bien peinado. Por eso los nervios.
- Hola.
- Hola. Estás preciosa.

Nunca se había sentido tan vacía. Después de tantos años, el hombre que la conquistó con los bombones del lazo rojo ya no estaba. Ella presintió que sería algo importante en su vida. Y lo fue. Dios sabe cuánto lo extrañará. Así como es el único que sabe cuándo lo volverá a ver.

5 comentarios:

Saldivia dijo...

Por lo visto, las ausencias se han transformado en tema inspirador para tus escritos. Este está muy bien armado, y para los lectores "viejo estilo" como yo, que privilegian la importancia del final del relato, el desenlace es muy bueno. Me impulsó a buscar información sobre la estructuración de los cuentos, y hallé estas tres buenas referencias:
www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=14541
cuentoenred.org/cer/numeros/no_6/pdf/no6_samperio.pdf
www.literatura.us/juanbosch/apuntes.html

rafico dijo...

Lo que esperamos de los demás son nuestros propios miedos?
De pronto...

Sabes, me identifique con el caballero de la historia, temer que la primera impresión no sea la precisa.

Y lamentablemente lo fue.

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Estás con una nueva faceta (cuentos), me pregunto si son tus vivencias o ficción?.

Un abrazo, chao.

Jogreg dijo...

Jose: Gracias por las referencias, las leeré con calma, se ve que están muy interesantes. Y bueno, las ausencias a veces son grandes desencadenantes.

Rafico: Quizás lo mejor que podríamos hacer es ser nosotros mismos, para que la primera impresión sea igual a la última. Lo de los cuentos es que a veces me da por ahí, por escribir relatos. La mayoría son de ficción, aunque siempre terminan teniendo algo de uno: una frase, una situación, un personaje o una forma de decir las cosas...

Naky Soto dijo...

¡maluco! ¡cabeza de chola! ¡ouch! Todavía me duele la impresión... Lo siento Jo, aún soy muy necia para los finales no-felices (e inesperados).

Te quedó redonda la historia.

Un abrazo y una trompetilla,

CABINA AÉREA dijo...

Bravo, muy bueno!!