Mostrando las entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

13 de abril de 2014

Viaje a la infancia: mis antojos favoritos


Sigo con este divertido viaje a los recuerdos de mi infancia. Este hizo que mi apetito se abriera vorazmente... ¡Mis golosinas y chucherías favoritas!

Bolibomba de frutas: mi chiclet favorito. Había mucho de donde escoger, pero yo regularmente me decantaba por este o por el Papaupa


Tic-Tac de Naranja: peligroso y adictivo. Cuando todavía tenía colorantes que decían que eran cancerígenos. Abrir uno significaba tragarlos todos. Imposible de compartir.

Bati-bati, Pastelado y Crema Real: los mejores helados de la vida. El Batibati todos lo recordamos porque traía el chicle al final del envase. Si venían dos, salías premiado.

Chupi-chupi: Frente al colegio siempre se paraba un heladero con chupis y raspaos. Yo prefería los chupis por ser más económicos, aunque de vez en cuando me daba el gusto de comerme un raspao de parchita con leche condensada.
Chocolate de Leche Savoy: Mi hermana era fanática del Cricri. A mi me gustaba más el chocolate de leche, me lamía el papel con los restos de chocolate derretido.

Bip-Bip: Este caramelo pulverizado también era peligroso. Además, te dejaba la lengua manchada del color que hubieses escogido. Traidor.

Fresitas y Carlotinas: Mis preferidas en el cine, junto a las cotufas y el refresco de naranja.


Orange Crush: Era mi refresco preferido cuando niño. No era sencillo de encontrar, pero siempre me recordará a la casa de mi nana Azabache en Guatire. En su nevera siempre había alguno.


Susy y Cocosete: dependiendo del momento, escogía uno u otro. Un clásico del cafetín del colegio.


Toddy y Rico Malt: Un vaso de Toddy con galletas Club Social remojadas en él... la cena perfecta. Y el Riko Malt para acompañar la merienda en el colegio.


Salvavidas: me gustaban todos los sabores menos el amarillo. Había que estar pendiente de cuál te tocaba y rendirlo para pasar todo el día comiendo caramelos.


Cheese Tris (con naranjita Hit): Para ver televisión, este era un vicio por excelencia. Y si era la bolsa de Cheese Tris gigante y la botella de dos litros de naranjita, tanto mejor. Importante: comer al mismo tiempo. Te llenas la boca de cheese tris y luego te tomas un trago de refresco. Solo entonces comienzas a masticar. Es el paraíso en la tierra.

Ok: Soy gordito. Nos vemos.

9 de abril de 2014

Viaje a la infancia: 20 series que me enamoraron


Siguiendo con el viaje al pasado (será que me estoy poniendo viejo...), nos pusimos a recordar las series de televisión que me obligaban a quedarme pegado de la pantalla. Era casi una religión.

La selección fue tan compleja que la lista la llevamos a 20...

20. El Show de Bill Cosby
Ya cuando creces te das cuenta que esta familia es demasiado disfuncional, considerando lo perfecta que es. Pero de niño no lo piensas así y te disfrutas las peripecias de este hombre que, no se puede negar, es un gran comediante. La esposa me encantaba.



19. Los Ángeles de Charlie
Farrah Fawcett y Jacqueline Smith. ¿Quieren más razones? No hay más.


18. La Mujer Maravilla
Linda Carter dando vueltas, envolviéndose en luz para convertirse en la Mujer Maravilla. Es tan genial que aun no dan con una chica que pueda hacer lo mismo en el cine sin verse tonta.


17. MacGyver
Este tipo era genial. Su manera de usar la ciencia y la tecnología de las maneras más inesperadas para resolver cualquier problema se convirtió en una leyenda.


16. El Super Agente 86
Su torpeza era su mayor atractivo. El zapatófono y el correófono me resultaban hilarantes...


15. Guardianes del espacio (Thunderbirds)
No sé qué carrizo tenía esta serie. Creo que eran las naves espaciales. Siempre me quedaba esperando verlas todas en algún capítulo.


14. Los Duques del Peligro (Dukes de Hazzard)
Honestamente, ver volar al General Lee mientras escapaban a toda velocidad de Rosco, el alguacil del pueblo, era de las cosas más emocionantes que tenía la televisión de esa época.


13. La Dimensión Desconocida
La veía con miedo, porque en serio que me causaba un estado de tensión que no era normal. Pero supongo que esa era la idea, ¿no?


12. Tres por tres
Para la época, ya esta era una familia absolutamente disfuncional y nadie se dio cuenta (o se hicieron los locos y nos fueron colocando la agenda de derechos LGBT en el subconsciente sin que nadie lo notara)


11. Batman
¿Merece alguna explicación? Creo que no...


10. Beverly Hills 90210
Puedo considerar a esta serie "mi telenovela de las nueve". No fallaba un solo capítulo. Que no soy normal, ya lo sé...


9. La pequeña casa de la pradera
Yo jamás entendí como se puede vivir este estilo de vida, sin luz, sin cocina, sin agua potable... Lo más extraño era la escuela en la iglesia donde todos los niños de cualquier edad veían la misma clase, todos juntos. No habían grados ni nada de eso. Todo muy extraño.


8. Los osos revoltosos (The bad news bears)
No saben como me reía viendo a estos chamos intentando ganar un juego de béisbol. También daba algo de pena por ellos, pero así es la vida.


7. Mi bella genio / Hechizada
Esto tampoco merece mayor explicación, es bastante obvio. ¿Era posible no enamorarse de Samantha o de Jeannie? Nos robaron el corazón, así de sencillo.



6. Alf el Extraterrestre
Sus ganas de comerse al gato Suertudo, y los líos en los que metía a la familia eran razones suficientes para ver a Alf. Lo mejor fue luego conocer, trabajar y apreciar a quien hizo su voz en el doblaje al español, mi amigo Ricardo Omaña Cartaya, de los mejores locutores que he escuchado.


5. Arnold
Lástima que Arnold luego fuese tan Arnold y nos echara a perder las memorias tan gratas que tenemos de esta serie.


4. Los Magníficos (The A-Team)
Estos cuatro personajes juntos eran una verdadera bomba. Mr. T y Murdock eran mis favoritos.


3. El Chavo
¿Cómo les digo que no si sí? ¿Hay manera de explicar la adoración que se puede sentir por el Chavo del Ocho? Ver los capítulos repetidos hasta la saciedad no era un problema en absoluto.


2. El Zorro
Este es otro clásico que era imperdonable dejar por fuera. Además, el Zorro era todo un galán y tenía un toque de majadería que me encantaba.


1. La Reportera del Crimen
Yo a esta señora simplemente la adoraba. Intentaba meterme en su cabeza, veía los capítulos con cuidado para tratar de entender su razonamiento antes de que ella dijera como había descubierto al asesino. Tenía que resolver el misterio yo primero. Era un reto constante. Genial. Lástima que no conseguí la intro de la serie tal como la veíamos nosotros, pero este vídeo nos la recuerda bastante bien.

Seguro que quedaron muchas en tu cabeza. ¿Cuáles? ¡Compártelas conmigo!

Nota posterior: me han hecho recordar varias series más.
1. La Novicia Voladora
2. La Familia Monster (y los Locos Addams muy cerca)
3. Ocho son suficientes y Familia (la novela de los 70)

Mira aquí las 10 comiquitas favoritas de mi infancia...

1 de mayo de 2009

1ero. de Mayo: La historia oficial.


Transcurrió el primero de mayo, día de los trabajadores, y la historia fue la misma. Los trabajadores socialistas manifestaron tranquilamente e hicieron sus recorridos hasta llegar a reunirse con el líder máximo de esta revolución, quien como siempre arengó a sus seguidores para continuar con el proceso de profundización de este proceso llamado humanista, solidario, profundamente comprometido con los trabajadores y obreros.

Por la otra, un grupo de facinerosos pagados por el imperio y movidos por los valores más antidemocráticos, buscando únicamente poder recuperar el poder económico y político que le ha arrebatado el poder popular con el Presidente Chávez a la cabeza, quiso llegar a la Asamblea Nacional para, entre otras cosas, manifestar su inconformidad frente a un gobierno considerado anti-obrero, irrespetuoso de las diferencias, atropellador de la dignidad humana, ignorante de los derechos humanos y demás.

Por supuesto, una barricada de la Policía Metropolitana y la Guardia Nacional esperaba en las inmediaciones de la Fiscalía General para no permitir que este grupo de golpistas llegara a la sede del parlamento venezolano, zona vedada para quienes no están de acuerdo con las políticas y la ideología reinante en el país. Gas y perdigones de por medio, la manifestación opositora escuálida y conformada por un montón de revoltosos fue disuelta eficazmente por las fuerzas del orden público, quienes debieron tomar tales medidas considerando la amenaza que este grupito significaba tanto para las instalaciones del parlamento como para los propios policías.

Y entonces sale un político de esos opositores que, ante la pregunta de un reportero de un canal de oposición “¿y ahora qué debe hacer el pueblo de Venezuela?”, el político apátrida dice a todo gañote, en vivo y directo: “pues arrecharse y salir a la calle”. Fin de la transmisión.

Arrecharse y salir a la calle. ¿Será que algún día nos arrecharemos y saldremos a la calle? ¿O insistiremos en permitir que esta sea la versión de la historia que quede escrita en los libros? ¿Qué es lo que va a hacer que la gente se arreche y salga a la calle? ¿Qué es lo que tiene que pasar?

Si me lo preguntan, las razones por las que esta historia se repite son muchas, y buena parte de ellas, cuidado sino todas, tienen que ver con el excelente y muy eficaz trabajo político que ha logrado desarrollar el presidente Chávez y la incapacidad de la oposición de generar una respuesta consistente frente al avance de la revolución.

Todos los venezolanos compramos la idea de que cualquier salida de Chávez que no sea por la vía de los votos será una verdadera tragedia para el país. Se supone que los golpes de estado son una vía poco civilizada para dirimir diferencias y que para eso existen instituciones que de algún modo deben respetarse para que los cambios puedan darse en paz y democracia. Entonces, salir a la calle a sacar a Chávez de Miraflores es malo, no está bien, es una pésima idea. Vean lo que pasó el 11 de abril y sabrán a lo que estoy refiriendo.

Además, tenemos la percepción de que el presidente Chávez cuenta con 6 millones de personas, al menos tomando en cuenta los votos de la última consulta popular, que están dispuestos a continuar viviendo bajo el régimen “socialista” liderado por él. Pero para colmo de males, no nos hemos hartado de escuchar que “no nos equivoquemos, que esta revolución es pacífica, pero armada”. Es decir, que un grupo, aunque sea ínfimo, pero grupo al fin, está armado hasta los dientes para no permitir que ocurra un nuevo golpe que les quite a su presidente de la silla. Entonces, si salimos a la calle e intentamos llegar a donde sea que queramos llegar, pues allí estará no solo la Fuerza Armada y la Policía Metropolitana, sino que encontraremos mucha gente dispuesta a matar por Chávez.

Y aquí es donde uno se pregunta: ¿Quién va a ser el primer muerto esta vez? El 11 de abril de 2002 murieron unos cuantos y los que terminaron presos los policías. Quienes dispararon desde Puente Llaguno terminaron erigidos como héroes de la revolución, defendían con su vida el régimen y disparaban contra la Policía Metropolitana, que según la historia oficial, se encontraba colaborando con el golpe en marcha. Un golpe llevado adelante por un montón de fascistas financiados por la CIA y el imperio, que ve con malos ojos que Chávez sea una influencia tan importante en Latinoamérica y acabe con los jugosos negocios de los capitalistas gringos.

¿Arrecharse y salir a la calle? Ni de vaina, ¿verdad?

A lo que uno se pregunta: ¿será que existe la vía institucional para cambiar de gobierno? ¿Seremos capaces como venezolanos de dirimir estas diferencias por la vía democrática? No estoy seguro de ello. Pero creo que tal y como están las cosas, nos vamos a quedar sentados esperando porque es muy difícil, sino imposible, pensar en un sistema democrático para resolver un problema que, de entrada, se desarrolla en un ambiente donde la democracia no existe. Donde no hay democracia, no hay razonamiento democrático que valga. Y hace mucho rato que la lógica de la democracia dejo de existir en nuestro país, aunque el presidente Chávez pregone lo contrario cada vez que se monta en una tarima. Porque según él, democracia es solo ganar elecciones, y esa no es la democracia que yo conozco.

La historia la escriben los vencedores, y por ahora, son los fascistas opositores los grandes perdedores en este cuento. Alguien me dijo que no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista. Aquí pueden pasar dos cosas: este mismo mal lo tiene Cuba desde hace 50 años, así que todavía le faltan unos cuantos años para acabarse... o nuestro cuerpo explotará antes de que esto se acabe.

21 de enero de 2008

La despedida


(Para Pao)

Aquel hombre estaba sentado en un escalón que sobresalía del piso frío del aeropuerto. Las piernas dobladas, los codos apoyados en las rodillas, las manos que ocultan el rostro húmedo. Trataba de aguantar las ganas de sollozar desvergonzadamente en pleno tránsito peatonal, está bien que los aeropuertos sean los lugares más adecuados para ver a alguien llorar, pero tampoco era un asunto de sentirse orgulloso por ello.
Es que el vacío que se siente en el pecho es grande, enorme. Y son muchas las lágrimas que hay que vertir para mitigar el dolor que genera tanto peso. Es extraño: sería quizás el único vacío que pesa, una rareza físico-química digna de estudio, pero que seguramente ningún científico podrá discernir. En las cosas del amor, de los sentimientos, de la vida, la mirada objetiva no tiene lugar.
Lo que sí estaba claro era que había razones de sobra para tomar la decisión de irse. De recoger la vida y meterla en una maleta para rehacerla en otras latitudes. Y cuando los motivos son los motivos, la fuerza de la voluntad es una marejada indetenible. "Lo mejor es lo que pasa", pensó. Y de inmediato se retractó de sus pensamientos: esa no era la mejor manera de interpretar el momento. Esta no era una jugada del destino, del azar: era una decisión consciente.
"Todo va a salir bien". Todo indicaba que no había razones para el fracaso, para la duda. De eso estaba seguro, y era su único y su mejor consuelo. Sin embargo, no era el mejor momento para consolarse: hacía pocos momentos, su hija se había despedido de él.
Decidió que no tenía por qué avergonzarse. Lloró sonora y contundentemente, hasta inundar todo el lugar. Ya habrá tiempo para sentirse mejor.
____________
La obra se llama "La despedida" del pintor español Alvaro Reja

8 de enero de 2008

La cachetada

Estaba harta de él. Harta de su actitud, de su debilidad. Ahí estaba él, con la cara desviada y la mejilla roja, luego de la sonora cachetada que ella no pudo evitar propinarle. La situación había llegado demasiado lejos: ese hombre no era, ni de cerca, lo que ella esperaba de quien debía estar a su lado. Siempre pensó en un hombre bien dispuesto, trabajador, responsable, fuerte. Y esto era el colmo de la sumisión. Pedro no era capaz ni de reclamar ante las situaciones más simples como un vuelto incompleto. Si se veía involucrado en una colisión, Pedro siempre terminaba pagando el choque. Si alguien se metía con él en la calle, Pedro siempre evitaba la confrontación y huía por la derecha. Si su jefe lo obligaba a trabajar horas extras, Pedro nunca exigió una compensación adicional.
Y ahora, le decía que no podrían celebrar su aniversario porque le habían asignado una tarea importantísima para el fin de semana y que él no pudo negarse a cumplir. Era el colmo.
- ¡Imbécil! ¡Incapaz!
Él no levantaba la mirada.
- Cobarde...
No sabía qué hacer para que aquel hombre reaccionara. Quiso irse, pero la violencia de lo que ocurrió después la tomó desprevenida.
Aun sin mirar, la mano de Pedro se levantó violentamente, y con el dorso alcanzó el rostro de su mujer, que cayó al suelo bruscamente. Estaba aturdida. Escuchó la voz de su marido, lenta, pausada, tranquila.
- Que no se te ocurra volver a tocarme. Este fin de semana me voy a trabajar, y espero que eso no te cause ningún problema.

Ella pasó el fin de semana como pasaba cualquier otro fin de semana. Arregló algunas cosas en la casa, salió a hacer compras y hasta se encontró con algunas amigas para tomarse algo, mientras su marido trabajaba duramente.
Él pasó el fin de semana como pasaba cualquier otro fin de semana. Se fue al apartamento de la playa con su secretaria, haciendo el amor y disfrutando de la tranquilidad que otorga una esposa que jura que su marido está en la oficina.

13 de noviembre de 2007

Sin lugar

Todavía no me había acostumbrado a la idea de que esa ya no era “mi casa”. En más de una oportunidad me sorprendí “in fraganti” diciendo que iba a “mi casa”, cuando en realidad desde hace un buen rato ese lugar se convirtió en la “casa de mi mamá”. Claro, es comprensible, porque viví en esa casa desde los 5 años. Nos mudamos a ese apartamento en diciembre de 1979. Mi mamá dice que ella fue la primera en habitar el edificio, incluso antes de firmar el documento que la hacía propietaria del inmueble de 5 habitaciones y 3 baños en el que insospechadamente estarían nuestros recuerdos de casi tres décadas.
Hoy, ese apartamento está listo para ser vendido, traspasado a una familia que, como nosotros, espera hacer de esas cuatro paredes su hogar. “Misión cumplida”, diría el lugar si pudiera hablar. Mi familia vivió –y de qué forma- allí dentro sus mejores y peores momentos. Fuimos felices y no lo sabíamos, quizás, aunque honestamente las épocas llenas de tristeza fueron muy duras, lo suficientemente duras como para fracturar la unidad familiar.
Hoy salí de mi casa por última vez. Seguramente iré de nuevo, todavía quedan algunas diligencias pendientes, todavía hay fotos de la familia, muebles, recuerdos. Pero puedo decir que ya esa no es nuestra. Y es como si parte de nuestro espíritu se quedara allí, colgado de la pared, donde estaban antes los cuadros que compraba mi padre sin pensar que faltaba dinero para el mercado. Evité a rabiar las lágrimas, no quería que nadie, y menos mi madre, me viera llorar por tener que deshacernos del lugar que nos vio crecer. Todos quedamos como en el aire, lanzando manotazos para intentar detener la caída que nos lleva a la melancolía, a la tristeza, a la remembranza.
No es facil echar raices. No es facil decir “esta es mi casa”. Yo tenía una, que hoy no es más, y lo que me queda es la amarga sensación de no tener un lugar en el mundo. Porque más de una vez dejé de vivir ahí, no siempre habité esas paredes, pero sabía que estaban allí, esperándome con los brazos abiertos sin reproches, siempre bienvenido. Ese lugar no existe ahora.
Quien no entienda el concepto de la palabra hogar, debería pasar por una experiencia como esta. Ahora tengo que construir el mío.