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26 de marzo de 2014

¿Por qué protestan los venezolanos?

Esta conferencia se realizó en el marco del I Simposio sobre vulnerabilidad de los Derechos Humanos en Venezuela, organizado por la Agrupación SOS Venezuela en Andalucía. También participó Rafael Uzcátegui, de Provea, vía skype, y Luis Romero, Presidente de la Asociación de Abogados Penalistas de España.



17 de marzo de 2014

Carta de Venezolanos en Andalucía al Príncipe de Asturias

Príncipe de Asturias
Don Felipe de Borbón y Grecia
Palacio de la Zarzuela
28071 MADRID


Sevilla, 17 de marzo de 2014
Su Alteza el Príncipe de Asturias Don Felipe:
Nos dirigimos a usted muy respetuosamente, en nombre de la comunidad de venezolanos que hacemos vida en la ciudad de Sevilla, con el fin de expresar nuestra profunda preocupación, tristeza e impotencia al ver lo que está ocurriendo en nuestro hermoso y muy extrañado país y solicitar de Su Majestad el apoyo que nuestro pueblo requiere en este momento.


Ya no es lo mismo. Las cosas han cambiado, y mucho. Venezuela ya no es el mismo lugar que nos arropó como sus hijos. Buena parte de nosotros, incluso, tuvo que buscar refugio en otras latitudes, hacer vida fuera de nuestro país, porque poco a poco el lugar en el que crecimos se fue desvaneciendo. Hundido en pobreza, en demagogia, en dolor y desesperanza.


Hace muchos años ya, se nos hizo una promesa de cambio. Una revolución que no hizo otra cosa que profundizar las brechas sociales, políticas y culturales que se venían haciendo presentes. Se promovió la “lucha de clases”, el resentimiento, el odio entre hermanos que piensan distinto. Se habló de “Patria, Socialismo o Muerte”. Muchos creyeron en ese cambio. Todavía algunos creen estar en el camino correcto. Pero muchos de nosotros -lamentablemente no podemos saber de forma confiable si somos o no mayoría-, creemos que lo que se ha construido, el Socialismo, nos ha llevado a uno de los más rotundos fracasos sociopolíticos que puede vivir un país. Y todo esto en un país que el mundo conoce como uno de los más ricos gracias a su petróleo.


Hemos quebrado como país. Nos han quebrado como nación. Ya no tenemos patria a la cual regresar, si así lo deseáramos.


Venezuela es un país donde la vida se pierde como quien juega a la lotería, en manos del hampa incontrolada, e incluso algunos se atreven a decir que promovida por el Estado. Casi 25 mil muertos sólo en el año 2013 (cerca de 80 por cada 100 mil habitantes, 3 cada hora), así lo atestiguan desde las morgues. Ya es imposible contar el número de heridos por la delincuencia, de robos, atracos, convirtiendo nuestras calles en zona de peligro permanente y nuestras casas en cárceles… La violencia ha sido el signo de nuestros tiempos, y lamentablemente, ha sido promovida también desde el propio gobierno con su discurso y sus acciones.


La economía, dependiente exclusivamente de los ingresos petroleros, vive sus peores momentos: ataques a la iniciativa privada, bajo crecimiento, importaciones controladas al igual que el intercambio de divisas: una mezcla explosiva que no ha traído otra cosa que alta inflación y escasez de los productos más elementales. Hoy en día, cualquier familia venezolana debe hacer largas filas de espera para intentar adquirir leche, harina, aceite o cualquier otro insumo de primera necesidad.


En el último mes, los estudiantes universitarios venezolanos, apoyados por la sociedad civil, han decidido dar una lucha contra un gobierno que ha demostrado estar dispuesto a violentar los valores más sagrados de cualquier democracia. El derecho a la vida, la libertad de expresión, la libre prensa, nuestro derecho a protestar pacíficamente, al tránsito, han sido anulados de forma implacable por nuestro gobierno, el cual solo escucha a quien piensa y se expresa como él, y reprime de forma cruenta a quienes piensan distinto y decidieron con coraje hacer valer el Estado de Derecho y de Justicia que se proclama desde nuestra Constitución.


Así, nos acercamos a la treintena de fallecidos, cientos de heridos, más de mil detenidos por protestar, quienes además han recibido tratos crueles e inhumanos por parte de las autoridades como la Policía Nacional Bolivariana o la Guardia Nacional Bolivariana, e incluso ya se han detectado casos de tortura documentados por ONGs de protección de los Derechos Humanos como el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), el Foro Penal o el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, por nombrar algunos de los más serios y con mayor trayectoria en esta área.


Ciudades como San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Puerto Ordaz, Maracaibo o Caracas viven bajo el asedio de las fuerzas represivas, a las cuales se les ha ordenado acabar con cualquier demostración de descontento por parte de los ciudadanos que decidieron salir a la calle para exigir un cambio de rumbo para Venezuela. Han atacado sin piedad a los protestantes, allanado hogares sin orden judicial que los avale, bajo la impunidad y libertad que le otorga un régimen que ignora otras formas de resolución de conflictos o peor: que entiende la polarización como una estrategia política legítima para aglutinar aún más poder. Muestra de ello es que, desde el propio gobierno, grupos de civiles han sido armados y entrenados, conformando Unidades de Batalla que actúan junto a las fuerzas militares y policiales, y que han sido utilizados para atacar a los manifestantes, atribuyéndoles una fuerza represiva inconstitucional y violatoria de cualquier tratado internacional de Derechos Fundamentales, enfrentando de esta forma a pueblo contra pueblo.


Como si esto fuera poco, las instituciones que se supone deben velar por los ciudadanos y protegerlos de los excesos del Estado han sido secuestradas por el gobierno: no contamos con la Fiscalía General de la República, la Defensoría del Pueblo o los Tribunales, quienes en su discurso y en la práctica, se han declarado abiertamente favorables a la Revolución Bolivariana, dando carta blanca a dirigentes oficialistas para que lleven adelante cualquier acción, por ilegal que esta sea, con el único fin de mantenerse en el poder y no el bienestar de su gente y mucho menos respetar la voluntad del pueblo. Estos organismos le han dado la espalda de forma sistemática a los venezolanos y han tergiversado su función. Ha quedado demostrado que continuar en el poder es lo único que realmente les importa, y llevarán adelante cualquier acción para lograrlo.


Frente a esta situación, que se ha hecho patente a través de los testimonios, fotografías y videos que han sido publicados en redes sociales y medios de comunicación social internacionales (ya que la censura y la presión gubernamental han logrado callar a los medios venezolanos), nos ha asombrado el silencio que han mantenido los gobiernos del mundo. Vemos con indignación y profunda tristeza que todavía no existe un pronunciamiento contundente contra la violación de los Derechos Humanos en Venezuela. La Organización de Estados Americanos y la Unión de Naciones Suramericanas parecen estar viviendo las consecuencias de una relación diplomática con Venezuela signada por las “ayudas” que el gobierno ha otorgado a muchos países, dinero que se obtiene por nuestro petróleo: recursos imprescindibles para superar la pobreza en nuestro país, pero que sirven para comprar conciencias en Latinoamérica y en otras latitudes.


Por esto rogamos a Sus Majestades que volteen su mirada a Venezuela. Nosotros, los venezolanos que nos hemos visto obligados a convertirnos en inmigrantes, que buscamos en España la esperanza y la fe en un futuro que el gobierno venezolano nos arrebató, no podemos hacer más que apoyar desde aquí a nuestros compatriotas que luchan por recuperar las libertades perdidas y rezar por la paz y la reconciliación de un pueblo que ha sido azuzado desde el poder político y militar de forma permanente y deliberada para vivir en guerra y cargados de odio.


Ya basta de muerte. Ya basta de violencia y de odio. No más.


Desde lo más profundo de nuestros corazones, de la manera más humilde, les pedimos: por favor, ayuden a Venezuela.


Estos venezolanos que hemos aprendido a vivir y a amar a España tanto como ustedes, se lo agradeceremos.


Queda de usted,


María Auxiliadora Piñero Badaraco
Jogreg Henríquez Aellos


SOS Venezuela en Andalucía

26 de febrero de 2014

El diálogo (im)posible.

La investigadora Margarita López Maya, desde hace ya varios años, viene escribiendo y explicando que en Venezuela, la polarización es una política de Estado. Algún estratega decidió que la mejor manera de sacar máximo provecho a su estancia en el poder era enfrentando a los venezolanos. Crear bandos, generar enemigos, alimentar resentimientos y convertir en trofeos la humillación y el odio.

Eso pasa hasta en las mejores familias.

Los países pueden llegar a ser la sombra de lo que fueron. Incluso pueden llegar a no parecerse siquiera a lo que alguna vez fueron. Destruirse. Aniquilarse. Es una senda que se escoge. Uno elige presionar el botón. Y últimamente, a una parte del país la hemos visto -ahora desde lejos, lejos pero no ausentes-, enfrascarse en la necesidad de resolver esto ya. Porque el país ya no aguanta más.

Y sin embargo, mientras en Chacao y Prados del Este hay barricadas, en el centro de Caracas o en Antímano todo parece estar más tranquilo. Y mientras unas ciudades se incendian, otros lugares parecen ser espectadores o incluso podrían no tener idea de lo que ocurre.

Policías y ladrones

Es difícil pensar que las condiciones para un diálogo estén dadas. Escuchamos con cuidado a Henry Falcón, gobernador de Falcón, pedirle al presidente Nicolás Maduro que por el rumbo que llevamos no llegaremos lejos. Escuchamos reiteradamente a Henrique Capriles, gobernador de Miranda, recordarle al país que no hay forma de que avancemos si no nos entendemos. Si no nos reconocemos en el otro.

Porque somos un espejo del otro. En ese juego de polarizaciones, más allá de la ideología, todo se reduce a "los buenos contra los malos". Pero no es como cuando éramos niños, en el que policías y ladrones significaba "policías buenos" y "ladrones malos". No es un cuento de hadas, en el que la bruja es mala y la princesa es buena y los roles están perfectamente delimitados.

Aquí estamos entrampados.

Mi amigo Yimmi Castillo apuesta por reconstruir el diálogo desde la base. Olvidarnos de lo que ocurre en la cúpula política y comenzar desde nuestro entorno a tratar de comprendernos. A reconocernos, primero. A respetarnos, primero. A escucharnos, primero.

Ya en 2002, nuestro querido profesor Massimo Desiato (era un gusto escucharlo y es una verdadera pena que ya no esté con nosotros), escribía acerca de lo difícil que resulta dialogar. Y llamo la atención sobre su primer párrafo, algo que a veces pasamos por alto: el diálogo presupone buena voluntad. Debes tener el deseo, las ganas, el convencimiento, de que la crisis la resuelves a través del diálogo.

Preguntas para el diálogo

Entonces, ¿por qué este diálogo es tan difícil que se logre?

¿Creemos que la crisis se soluciona con el diálogo? 
Los extremos parecen negarlo. Muchos gritan por un cambio inmediato de gobierno, acabar con los culpables de esta situación... y otros juran que "no volverán", que con la derecha fascista golpista no hay nada que dialogar.

¿Respetamos al otro? 
Tampoco. Expresiones van y vienen denigrando a quien creyó en Chávez y a quien apoya a la oposición. De hecho, no solo llegamos a los insultos, sino que vamos más allá: negamos su esencia. Dejan de ser "personas". No somos nada.

¿Estamos dispuestos a escuchar?
Esta es complicada. Nuestra cabeza está tan encendida, nuestro deseo de apabullar al otro es tal, y nuestras creencias sobre el otro son tan terribles, que creemos que el otro nos debe escuchar, obligatoriamente, porque nosotros tenemos la razón. Ellos no, y por eso, no tienen nada que decir. Solo escuchar y aceptar lo que yo le digo. Porque es así, y punto.

- ¿Sabemos -de verdad- lo que queremos decir?
Créanme: muchas veces no tenemos ni el más mínimo de los argumentos. Muchas veces lo que decimos son falacias, medias verdades, nos volvemos ecos de rumores o informaciones falsas. Incluso, nuestro sistema de creencias está prácticamente sostenido con unos pocos alfileres que, al más mínimo sacudón, cae estrepitosamente. No intentes defender lo que realmente no conoces. Seamos honestos. Muchos de nosotros no tiene idea de lo que significa de verdad vivir en democracia o con qué se come el socialismo del siglo XXI. Las incongruencias están a la orden del día. Y lo que es peor: es posible que terminemos justificando acciones que contradicen abiertamente nuestro "sistema de creencias y valores", lo que demuestra a leguas que, en realidad, esos valores no los tenemos tan arraigados.

¿Estamos dispuestos a cambiar?
Y esta es la más difícil. Si usted decide tener la buena voluntad de dialogar, es porque entiende que es posible que algo de su postura, en algún momento, puede cambiar. Para el encuentro con el otro, para nuestro entendimiento, para la búsqueda de la paz, tenemos que movernos de nuestra zona. Tenemos que reconocer que el otro podría tener razón en algunos de sus planteamientos. Aceptarlos con honestidad. Y no hay nada más complicado que decirnos a nosotros mismos: Me equivoqué.

Igual te sigo queriendo

Nuestros prejuicios andan en desbandada. Sueltos, libres, haciéndonos el peor de los daños, que no es otro que sembrar el odio entre los venezolanos.

Esa relación de odio debe terminar. Así como las relaciones de amor también terminan, esta tiene que tener un final.

Un buen amigo, en una conferencia, decía que para el fin de una relación, hay cuatro palabras mágicas: Lo siento, perdóname, gracias y te quiero mucho. Siento todo lo que hice; perdóname por no haber cumplido con tus expectativas; gracias por haber hecho el esfuerzo y, a pesar de todo, igual te seguiré queriendo.

No debe ser sencillo decirle todo esto a quien, por años, has considerado tu enemigo. ¿Será esto posible?

16 de febrero de 2014

Los pecados de Venezuela



Reencarnando en gusanos.

He estado leyendo un poco sobre budismo. Reencarnar. El karma. Nada demasiado profundo, más bien como cultura general...

Luego de ver lo que está pasando en mi país, todo desde la perspectiva de quien solo se entera a través de Twitter y Facebook (que ya es una desgracia), me topo con la etiqueta -o hashtag para mis amigos americanizados- #PrayForVenezuela. Recen por Venezuela, por favor.

Sip, están pasando cosas terribles. Hay denuncias de violaciones a los DDHH, detenciones arbitrarias, maltratos, torturas; la libertad de protestar, de expresión, de prensa, el derecho a la vida, a la salud, a la integridad... todo eso está puesto en entredicho. Y la sombra de la impunidad rondando sobre nuestras cabezas gracias al altísimo nivel de destrucción que ostentan nuestras instituciones.

La Revolución acabó con todo.

Entonces, pensaba dos cosas: que debíamos habernos portado muy mal en algún momento de nuestra historia para estar viviendo lo que ahora ocurre. Principio básico del karma: o creces y asciendes en tu próxima reencarnación, o te portas mal y te hundes, reencarnando a nivel de bichos, sufriendo lo que sufre quien no tiene consciencia de que está vivo.

No es que mis lecturas sobre budismo sean muy profundas, pero se entiende la idea, ¿no?

Y luego, rezar. Ante tanta barbarie, pedir a quien esté más allá que algo pase. Algo que nos permita reencontrar el rumbo. Restaurar el karma.

Los pecados de Venezuela.

Los católicos creen que, cuando estás en pecado, irás al infierno. Puedes evitar, sin embargo, tamaño sufrimiento, aceptando tus culpas, haciendo acto de contricción, reconociendo tus errores, arrepintiéndote. Hay además unos pecados más sencillos, los veniales, y otros más graves, los pecados capitales, que esos son un pasaje directo a la quinta paila.

Y ahora yo me pregunto: Para que estemos viviendo en este infierno, ¿qué pecados cometimos?

Me atrevo a asomar que todos:

Nos comimos el petróleo: La gula podría estar representada por la forma como hemos sido capaces de explotar indiscriminadamente la que decidimos que fuese nuestra única fuente de sustento: el petróleo. Nos atragantamos con petrodólares y el Estado es ahora un hombre inmensamente gordo, incapaz de moverse, ni de pensar siquiera en lo que debería hacer en un futuro.

¿Cuánto hay pa´eso?: "Codiciamos lo que no tenemos", decía una línea de "El abogado del diablo", aquella estupenda película con Al Pacino haciendo de Satanás. Y es que a pesar de tener petróleo, el bienestar nunca llegó. Empezamos a desear el dinero por la vía que fuese, a estar cerca de él sin importar el costo que eso implicara.

Whisky 18, por favor: No hay que negarlo, nos gusta un bonche. Primero está la playa, la discoteca, la rumba de fin de año, alcohol, mujeres, drogas, manejar como nos da la gana, hacer con la ley lo que nos provoca... Y es que la lujuria no es otra cosa que vivir la vida pensando solo en lo que nos da placer, sin que nada ni nadie nos moleste.

¡Para eso está papá gobierno!: Hay un chiste que es representativo de este, el pecado de la pereza. Un venezolano acostado en un chinchorro ve bajar una culebra por el tronco del árbol donde está amarrada la hamaca y dice: "¿Qué será bueno pa´ la picá ´e culebra?". Ni de vaina mueve el culo... ¿Para qué trabajar, si vive en un país en el que el gobierno debe darle todo lo que necesita? ¿Qué es eso de ser más productivo? ¿Ser más competitivo? ¡Por favor! Esas son cosas del capitalismo salvaje que quiere explotarte para quitarte lo tuyo. Mucho menos pensar en qué hay que hacer para resolver nada: la indolencia es, de algún modo, una forma de pereza inmanente en los venezolanos.

¡Pló pló!: Este es fácil, y a la vez el más doloroso. La violencia es el signo de nuestros tiempos. Desde hace ya bastante tiempo los venezolanos dejamos de dirimir nuestras diferencias a través del diálogo, el debate, los argumentos. Ahora es más sencillo caerse a plomos, a pescozadas, a insultos. La negación del otro es la mejor forma de representar la ira que llevamos en nuestros corazones.

¡Ese seguro cogió más que tú!: Porque parece que de eso se trata nuestro pecado de la envidia. El progreso no es consecuencia del trabajo duro, de la inversión y el riesgo. Lo que ocurrió es que el rico, el que vive bien, fue más vivo que tú. No tuviste la palanca, el amigo, el panita que te pusiera donde hay. Las diferencias de clases no son consecuencia de la estructura económica, eso es paja. Es de tu capacidad para tirártelas del papá de los helados, de corromperte y estar donde se bate el cobre.

Somos el país más arrecho del mundo: Es lo primero que le enseñan a uno sobre Venezuela cuando entras al colegio. Riquezas naturales, paisajes increíbles, mujeres espectaculares, comida exquisita, cultura envidiable. La tapa del frasco. El ombligo del mundo. Hay otro chiste que ejemplifica muy bien cuán soberbios hemos sido: Dios hace al mundo y le da a Venezuela todo lo mejor que se le pudo ocurrir. Un ángel le dice "Padre, ¿no crees que les estás dando mucho, que esa tierra tan maravillosa será la envidia de todo el resto del planeta?" Y Dios le contesta: "No te preocupes, ahora le pongo a los venezolanos".

Señor, perdona nuestros pecados.

#PrayForVenezuela

Paz.