2 de noviembre de 2016

MECUS, Día 1: Perdido.

Perdido. Así me encontraba hoy cuando llegué a la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla para dar inicio a este proceso llamado Master en Escritura Creativa.
Salón de Juntas, planta baja de la facultad. Llego 5 minutos antes y ya el 90% del aula estaba ocupada por quienes serán mis compañeros de travesía. Muchos jóvenes. Me siento viejo y un poco incómodo. Asustado y perdido, pero dispuesto a enfrentar la experiencia con más experiencia.
Entran los profesores y comienzan por explicar detalles del postgrado, así como lo que debe ser el Trabajo Final de Maestría (TFM), que desde ya me entero que tengo hasta diciembre de 2017 para entregarlo, pero puede estar listo en junio. Nota mental: Entregar en Junio. No me puedo dar el lujo de esperar. Verano suele estar repleto de trabajo con las bodas, así que no puedo mezclar una cosa con la otra. Tendremos reuniones con los profesores-tutores potenciales, de modo de comenzar a darle forma al tema del trabajo y su posible desarrollo.
Pocas preguntas. Todo muy procedimental, pragmático, frío. Cambiamos de salón.
Salón de Grado. Nos presentan a quien está a cargo de la lección inaugural. Para la ocasión, han invitado a Vicente Luis Mora. No tengo idea de quién es, asunto que me alarma cuando me doy cuenta de que varios de mi compañeros no sólo lo conocen, sino que han leído algo de su obra, o siguen sus blogs, o saben de alguna de sus posturas sobre temas de interés. Y yo, perdido.
Dijo cosas muy interesantes sobre este mundo de la literatura al que me acerco cada vez con más humildad e incluso miedo. Me quedo con una de ellas, que parafraseo para hacer mía: Siempre existirá la duda acerca de si lo haces bien o mal, y debes aprender a vivir con esa duda que te carcome, porque estar consciente de todo lo que te falta por saber te permitirá aprender todos los días.
¿Y qué hay que hacer para aprender? Lo que hacen todos, en todas las áreas de conocimiento, de una u otra forma: ganar experiencia. Y en la literatura, la experiencia se vive de dos formas: leyendo (pero leyendo de verdad, todos los días, con profundidad, con ganas) y escribiendo (también todos los días, con pasión, con ganas). Todos rieron cuando Mora señaló que un buen crítico de literatura debería haber leído unos 6 o 7 mil libros. Recordaba cuando le decía a mis alumnos en la UCAB que, en realidad, ellos no estudian porque no llegan a leerse 50 libros en 5 años. La propuesta de Mora: 200 libros al año durante 15 años, para acercarse medianamente a la meta. Y para más inri, la charla de este escritor/crítico no dejaba lugar a dudas: este hombre lee, y mucho. ¡Claro, a eso se dedica, de eso vive!
Entonces: biblioteca. Una de las conclusiones del día: ¿dónde me queda la biblioteca más cercana a casa? ¡Tengo que leer, leer, leer, y eso me encanta! Pero necesito una biblioteca cerca en mi vida, tener acceso a los libros y dedicarles el tiempo que sea necesario.
Conclusión dos: ¿Quieres ser o hacer alguien en la vida? ¡Disciplina! O te arreglas en la vida, o te arreglas en la vida. No queda de otra. Será todo un reto.
Por cierto, nota para la casa: La idea de los ejercicios de estilo me gusta. No los conocía. Tendré que hacer alguno durante la maestría y eso me entusiasma. ¿Qué son? Se trata de escribir algo tratando de copiar el estilo de otro escritor, sus pautas, sus normas, sus estructuras. Copiarlo para entenderlo. ¡Me estalló la cabeza en pedacitos!
Luego, nuestra primera clase de verdad: Modelos Dramáticos.
Más perdido aún: muchos de mis compañeros habían leído el programa, conocían ya la bibliografía, ya saben de qué va la cosa. Y yo, ni idea. Recuerdo haber visto una película con una escena similar, pero el resultado era que el profesor mandaba al perdido a su casa: ¡Legalmente rubia! (En España, Una Rubia muy Legal) ¡Oh, por Dios, soy Reese Whiterspoon en su mejor versión de la rubia tonta que va a la universidad a reconquistar a su novio! Les juro que me vi tal cual, vestido de conejita de Playboy comprando una laptop para ponerme al día y demostrar que quiero cumplir cabalmente con mis obligaciones de alumno.
Comenzamos a hablar de los modelos dramáticos en cuestión: resulta que estudiaremos las tendencias del teatro español contemporáneo, de los 70 a esta parte. Leeremos obras, las analizaremos, e incluso el trabajo final de la materia puede ser escribir una obra que responda a los modelos estudiados, incluyendo una memoria de lo escrito, es decir, una explicación de las razones por las que mi obra en efecto podría circunscribirse al modelo en cuestión. Y yo, en éxtasis absoluto, escuchando la historia que antecede al fenómeno, oyendo hablar de Franco, de la guerra fría, de la censura, de los movimientos teatrales independientes de la época, del teatro universitario... ¡BUM! ¡Virgina Aponte! ¡Dios mío, la profesora es idéntica a Virginia, quien fuera mi profesora de Teatro en la universidad! Y fue volver al sótano de módulo 4 de la UCAB, a José Rafael, a Iakere y los Espíritus, a Vórtice, Andreína, Markel, Anabelle... ¡Y yo estudiando teatro otra vez!
Termina la clase. Saldo: mucha tarea pendiente, de la que no hice para venir a esta clase, de la que ahora tengo para el lunes, y la que me toca para las clases de mañana. No conocí a ninguno de mis compañeros, por lo que toca comenzar a socializar. Toca disciplinarse, organizarse, porque hay que hacerlo bien. Ese es el objetivo.
No me vuelve a pasar. ¡Perdido, no más!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me hiciste sonreír. Gracias por compartirlo, lo encuentro inspirador. Cuenta conmigo querido amigo.
Markel

Juan Carlos Gómez Vargas dijo...

Jejeje...que buen libro para comenzar...PERDIDO!!!

Anónimo dijo...

Nuestra riqueza como grupo es que somos muy diferentes. Que ello no se convierta en un hándicap, sino que enriquezca.